24 mar. 2010

Algunas personas piensan que de las cosas malas y tristes es mejor olvidarse. Otras personas creemos que recordar es bueno, que hay cosas malas y tristes que no van a volver a suceder precisamente por eso, porque nos acordamos de ellas, porque no las echamos fuera de nuestra memoria.
Este es el caso de una parte de la historia argentina, ocurrida hace ya 32 años, cuando los adultos que hoy estan aquí eran más jóvenes y muchos aún no habían nacido.
No es una historia fácil de contar justamente por eso, porque fuimos protagonistas, porque lo que pasó nos pasó a nosotros y no a otras personas, porque son cosas que vimos con nuestros ojos, que vivimos en nuestro cuerpo.
El 24 de marzo de 1976 hubo un golpe de Estado. Un golpe de Estado es eso, un golpe a la democracia.
Un grupo de personas que tuvo el poder de las aras, ocupó por la fuerza el gobierno de nuestro país, persiguió, encarceló y hasta mató a quienes pensaban diferente, a quienes tenían otro modo de vivir o de ver las cosas.
Tolerar al que piensa diferente, al que tiene otro modo de vivir o de ver las cosas, siempre es difícil.
Pero las sociedades son grupos muy complejos, donde conviven muchas ideas, muchas costumbres y muchas tendencias.
Algunos argentinos esperan ciertas cosas de la vida, y otros, otras.
Algunos creen que las cosas se arreglarían de este modo y otros, de otro.
Lo que a algunos beneficia, a otros los perjudica.
Vivir en democracia significa vivir CON el otro –a veces con el adversario, con el que está parado en otro lado- y tolerarlo. Pelear, enfrentarse, discutir, pero tolerarlo.
Claro que, para discutir y tolerar, es necesaria cierta calma, determinado estado de ánimo, y esas eran épocas muy agitadas, donde pocos parecían detenerse a pensar o negociara soluciones.
“El silencio es salud”, decía una propaganda, no se podía disentir, hablar, ni reunirse en una esquina, y menos que menos protestar o alzar la voz frente a las injusticias y barbaridades que se cometían.
32 años han pasado, 24 años de democracia ininterrumpida, a los argentinos nos falta resolver muchos problemas, y seguramente los tendremos durante mucho tiempo más, no es fácil reconstruir un país con una historia que ha dejado huellas imborrables en el conjunto de la sociedad.
Por eso, mientras la memoria no se borre, los culpables seguirán siendo culpables y esos hechos espantosos no volverán a repetirse NUNCA MÁS en nuestro querido país.


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2 comentarios:

Jupi dijo...

NUNCA MAS

Florencia R~ dijo...

Excelente entrada. NUNCA MAS.
Saludos, te sigo! Buen blog